Una de las defensas más habituales que suelen esgrimir los defensores de los libros impresos, ante el supuesto ataque de los digitales, hace referencia al singular tacto del papel y el inconfundible olor de la tinta.
Antes de continuar con mi argumentación –que ya imaginaréis por dónde va–, me gustaría dejar claro que me gustan los libros impresos. Me he criado con ellos, he disfrutado con cientos de ellos y de hecho me compro mis propios libros en formato impreso.
Pero no lo hago ni por el olor ni por el tacto, sino porque me he educado así, porque no ha existido otra opción hasta ahora. Es un hábito que forma parte de mí y que se halla firmemente arraigado.
Sin embargo, tengo bien presente que la historia que me conmueve y que cambia algo de mí no es el soporte que la contiene, es decir no es ni el papel ni la tinta electrónica. Un libro son su trama, las palabras que el autor escoge para contarla, las escenas que se forman en mi mente, las horas que me entretiene cuando lo leo y también mucho después, cuando lo recuerdo, lo comento y lo comparto con otros.
Si el tacto y el olor fueran un factor determinante en un libro, habría diferencia entre una edición de tapa dura y una de bolsillo.
Por eso, cuando la gente habla de un libro no pregunta qué edición ha sido la escogida, porque es irrelevante. La historia es la misma, da igual que sea tapa blanda o dura, impreso en blanco y negro o a color, en papel o digital.
Siempre que hablo de este asunto, pongo el mismo ejemplo. El Quijote empieza con «En un lugar de la Mancha...», y no hay diferencia de estilo ni significado si se lee en un libro impreso o en un lector digital. A Cervantes no se le recuerda por el tacto ni el olor de su primera edición del Quijote, sino por ese genio irrepetible que le ha hecho perdurar en el tiempo.
Tampoco conozco a nadie que recuerde el olor de un libro que leyó hace veinte años, ni siquiera que lo mencione, salvo que sea para atacar al libro digital. Si comento con un amigo una novela que leímos hace veinte años, recordamos los personajes, las escenas que nos impactaron, discutimos sobre si hubiera sido mejor otro final y cosas por el estilo. Pero no sale el tema del tacto y el olor porque no lo recordamos, y no nos importa.
Voy a intentar a ir un poco más allá con un ejemplo un poco absurdo. Supongamos que inventan un lector de libros digitales que emula el tacto del papel y que desprende un olor idéntico. Supongamos que una persona con los ojos cerrados no puede distinguir un lector digital de un libro impreso. ¿Cambiaría eso algo? Yo creo que no. Por el contrario, estoy convencido de que surgirían nuevos elementos de protesta, como que los libros digitales no se pueden almacenar en las estanterías o que sus páginas no suenan al pasarlas. De repente hablaríamos del sonido de las páginas en vez de su olor.
El problema es que un lector de libros digitales es diferente, nuevo y revolucionario, y esos tres factores provocan rechazo, el natural miedo a lo desconocido que a su vez dispara la reacción en contra.
A los que se pirran por el olor y el tacto de los libros me gustaría preguntarles si siguen comprando enciclopedias, esos mamotretos con decenas de tomos que se quedan anticuados a los pocos años, o si prefieren consultar la Wikipedia, Google o cualquier otro medio digital para una necesidad puntual de información. Me gustaría saber si esas personas siguen consultando los callejeros impresos, esos que tampoco son útiles con las nuevas edificaciones o alteraciones en las calles, o si recurren a un GPS. Al fin y al cabo, las enciclopedias y los callejeros sí tienen tacto y olor a tinta...
¿Si a un ciego le leyeran una novela, notaría diferencia si le leen un libro impreso o uno digital? ¿No es eso lo verdaderamente importante, que la historia es independiente del contenedor? El formato escogido para leer debería ser una opción del lector.
El libro, tal como lo conocemos hoy, desbancó al libro de la antigüedad por excelencia, el rollo. Algunos dicen que el códice tenía características intrínsecas que lo hacían superior al rollo. Una de esas consistía en el propio acceso. Para llegar a un sitio de la lectura, en el rollo había que ir tirando, mientras en el códice se pasaban las páginas. La diferencia no es inapreciable. Yo, en esto, le sigo viendo superior al impreso.
ResponderSuprimirAhora bien, he tenido libros impresos, normalmente ediciones rústicas o bolsillo o esos paperback norteamericanos o ingleses que desde luego me han dejado bien indeleble el recuerdo de la tinta. Como que me la he quedado en mis dedos.
Yo creo que podrían convivir formatos todavía durante un tiempo. Como si dijéramos, el nuevo formato digital pudiera recibir un enfoque más dinámico, más de experimentación gracias a su mayor flexibilidad para editarse. Eso permitiría a las empresas arriesgar más.
Dafd,
ResponderSuprimirConvivirán, y durante bastantes años, creo yo. Pero no por las ventajas o desventajas de uno u otro formato. Lo harán porque hay mucha gente que nunca aceptará el formato digital por ser diferente a lo que han conocido de toda la vida, por ser distinto. Conozco gente que se niega a usar un cajero automático.
Y mientras al gente siga pagando por libros en papel, supondrán un negocio y seguirán existiendo. Algo que acabará con las nuevas generaciones.
No conozco a una sola persona de menos de treinta años, por poner una cifra, que se niegue a usar un cajero automático.
Es una cuestión de rechazo a lo nuevo, sin considerar o no sus ventajas.
Muy interesante! Te he contestado en mi blog!
ResponderSuprimirEse argumento me parece tan válido como el que utilizó Paco Rabanne cuando profetizó el fin del mundo para el año 2.000. El tuvo un sueño y otros huelen libros.
ResponderSuprimirYo no tengo lector electrónico igual que en su día no tuve lector de CD, ni de DVD...hasta que me los compré. Y la música me sigue sonando bien y las pelis se ven hasta mejor. No me pregunteis como huelen o como saben, eso no lo sé. Aunque respeto toda opinión, por supuesto. Los Amish van a caballo y no tienen ni teléfono y son muy respetables.
;)
Los Amish van a caballo y yo también pienso que son muy respetables.
ResponderSuprimirEso demuestra de que hay gente que nunca adoptará ciertas innovaciones por diferentes motivos, pero son una minoría. Generalizando, se puede decir que hoy día nadie se desplaza a caballo. Los mismo sucederá, en mi opinión con los libros digitales. Es cuestión de tiempo, de bastante, probablemente, pero de poco más.
Solo hay que dejar que la tecnología siga avanzando, como ha sucedido toda la vida. Siempre ha habido gente que se opone, y que se opondrá, no es ninguna sorpresa.
antes de empezar quiero decirte que recientemente he comenzado a leer tus trabajos y estoy enganchao. sigue echando "pa lante".
ResponderSuprimirbueno, sobre el tema; los otros días estaba en casa de un amigo y él sacó su colección de biblias (yo estaba interesado en una versión para mi kindle) y lo 1ero que yo hacía era abrir un libro y meter mi hocico.
si tú me preguntas qué extraño de los libros, te diría que su olor. nada más.
los otros días estaba buscando como aromatizar el forro de mi kindle para ... no sé... darle esa sensación que extraño.
habiendo dicho eso; mi kindle le da mil patadas a cualquier libro de carpeta dura, de 1era edición y con olores extravagantes.
amo mi lector e.
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joe
www.enjustaperspectiva.blogspot.com
Muy de acuerdo con tu conclusión. Importa la historia y cómo te la cuenten, no el formato en el que llegue. Yo, al libro digital, la única desventaja que le veo es que se le acaba la batería cuando menos te lo esperas...
ResponderSuprimirHola, Mayte.
ResponderSuprimirA los lectores de tinta electrónica les dura bastante la batería, semanas. Y seguro que mejoran con los años. Durarán más, serán más ligeros, a color...
Estamos solo al principio.
Nando,
ResponderSuprimirEs una reflexión muy interesante. En mi caso sigo disfrutando de esos costados románticos del libro, como olor, textura, admirarlos en los estantes de la biblioteca, etc; pero que los disfrute no me impide considerar la posibilidad de compartir mis tiempos de lectura entre papel y digital. De hecho, acabo de subir uno de mis libros a Amazon, y pienso comprarme un lector Kindle en poco tiempo más.
Me pregunto qué sucederá, con el tiempo, en mis costumbres. ¿La lectura sobre papel será reemplazada por completo por la de libros digitales? Hoy nada puedo afirmar. Ya veremos.
Un abrazo.